Cultura

Historias de librerías antiguas y vigentes

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Una de las cosas que más me gusta es la lectura, lo mismo le ocurre (felizmente) a muchas otras personas, si el libro o el texto me atrapa soy capaz de pasarme horas leyendo, olvidándome del paso de las horas, es sumergirse en ese diálogo silencioso entre el lector y el libro: leer es un placer, claro que me refiero a la calidez de un volumen en base de papel, que no se puede comparar con las obras en sistema digital.
Por eso me han atraído siempre las librerías, es como un mundo cultural que nos despierta cierto magnetismo, ya sean libros nuevos o leídos (o usados si lo prefiere) sobre lo cual me ocupé en una nota meses atrás (ver EL DIARIO del 8/8/15).
El tema siguió despertando mi curiosidad y así, conversando con unos y con otros, me sumergí en una interesante historia que arranca a mediados del siglo diecinueve.
¿Qué tipos de librerías hay?
Existen algunas diferencias entre los comercios que se llaman librerías y vamos a explicar un poco esto.
En primer lugar están aquellas que comercializan únicamente liros sea del género que sea, le siguen aquellas que anexan papelería (sobres, libretas, lapiceras, etc.). Están las que venden papelería comercial, como libros de actas, de contabilidad; también las que venden CD, obras de arte y también cuentan con imprenta y no dejamos de lado a los supermercados que tienen un sector de libros, reducido a algunos exhibidores. No hablamos de librerías on line.
PRIMERA LIBRERÍA EN ENTRE RÍOS. No fue Paraná donde se instaló la primera librería en Entre Ríos, ese privilegio le corresponde a Concepción del Uruguay.
Cuenta la historia que el General Urquiza quería tener una imprenta en Entre Ríos, primero se realizaron gestiones para traer una de Chile pero no se llegó a un acuerdo. Posteriormente, entra en tratos con un señor Jaime Hernández (nada que ver con José Hernández, autor del Martín Fierro), que residía en Montevideo y que desde la capital de la República Oriental solía mandar textos escolares. Finalmente el 12 de septiembre de 1848, Hernández arriba a Concepción del Uruguay con la maquinaria y cinco operarios, instalada la imprenta empieza a imprimir textos y edita un periódico –“El Porvenir de Entre Ríos”- hasta que a fines de 1850 (ya en el lugar se vendían libros), Urquiza ordena que la imprenta pase al Histórico Colegio.
Para la anécdota queda el hecho que ya había quienes se llevaban los libros sin pagar (cosa que perdura hasta el presente) y en el periódico apareció un día el siguiente aviso:
“Se ha extraviado un tomo de la preciosa novela El traje de bodas. La persona que sepa su paradero, se le suplica la presente en el despacho de esta imprenta”.
PRIMERA LIBRERÍA EN PARANÁ. Recién en 1854 se establece la primera librería en Paraná, eso no quería decir que no se vendieran libros, se comercializaban en otros lugares, junto a diversas mercaderías, en almacenes, cigarrerías o peluquerías, hasta que se instalan cinco locales dedicados en forma casi exclusiva, como el librero español Benito Hortelano; según documentos de la época las ventas se hacían mediante suscripciones con derecho a fascículos hasta completar la obra.
Hacia 1856 se registran las siguientes librerías: la Nacional, de Patricio Texto, calle Ramírez 11 (hoy San Martín); Librería Española, de León Mujica, San Miguel 7 (hoy Buenos Aires). Estaban además las de Rojas y la de Pedro Rivas. También vendía libros la Cigarrería del Buen Fumar, Cigarrería y Librería del Comercio, Casa Arigós y Cía., en la Botica de Eloy Escobar y en la imprenta de “El Nacional Argentino”.
A fines de 1860 inicia sus actividades la Librería Americana, de Carlos Casaballe, que con el tiempo se convertiría en editor del Boletín Oficial.
A fines del siglo, entre 1880 y 1890 abre su local en calle Carbó 164, la Librería, Papelería y anexo de Perfumería e Instrumentos musicales, la Casa José Anselmi (bisabuelo de Mario Anselmi, cantautor de Los Leñeros) que funcionó hasta 1963, luego compró el local León Geralnick, dueño de la librería La Central, que estaba en calle San Martín, a la altura de Venezuela, a su muerte siguió un tiempo su hijo Mario, hasta que cerró y el lugar lo ocupa hoy la FM Europa, Europa.
A MITAD DEL SIGLO XX. En la primera mitad del Siglo XX continuó funcionando la Casa José Anselmi y nacen otras librerías, como la de D. Predassi, que también vendía máquinas de escribir y accesorios, estaba en calle San Martín 320; A. Varela, en calle 25 de Mayo 89, que publicitaba un “gran surtido de libros de ciencias” y también sucursal de La Prensa, La Mañana y Caras y Caretas, todas de Buenos Aires. En calle 25 de Mayo 58 estaba la librería, papelería y cigarrería de Marcelo Cardossi, que era representante de “la máquina de escribir más moderna, sólida y conveniente: Olivetti”. En Corrientes y Andrés Pazos, fundó en 1911 su librería y juguetería Ramón Díaz.
Otra historia es la de la librería La Cultura, fundada alrededor del año 1930 por el historiador Prof. Filiberto Reula, que fue el primer secretario de redacción de EL DIARIO, negocio que compró en 1940 don Arturo Grote, estaba en calle San Martín 361, luego de su muerte, su esposa e hijos continuaron hasta enero de 2000.
Otra librería importante que tuvo Paraná fue la Llensa Hnos., en calle Corrientes, al lado de la Universidad Popular. La fundaron los hermanos Salvador, José y Celestino en diciembre de 1929 y se cerró en 1990. En una época fue sede del Consulado de España.
Pocos se acuerdan de la librería y papelería Sarmiento, a media cuadra de la escuela del mismo nombre, primero en la esquina de Corrientes y La Paz y luego en Corrientes, a la vuelta. Fue fundada por Vicente Lerena, padre del colega Carlos Lerena, toda una figura en la redacción de EL DIARIO. Duró de 1948 a 1960.
Una larga lista de negocios dedicados al rubro que nos ocupa, no alcanzaron a pasar al año 2000. Surgen los nombres de la Selecta, de Emilio Pacher, primero en calle Urquiza y luego en Buenos Aires; El Sol de B. Heit, en calle 9 de Julio; Pedro Radío, en calle San Martín, al igual que La Cueva de Oro, la Casa del Contador; Catalano y El Charrúa, en calle Buenos Aires; Raspini en calle 25 de Mayo, igual que Calierno; Los Pirulitos, en calle San Luis, entre otras.
Pero sin cruzarnos de siglo, una mención especial merece la librería Fénix. Se inició en 1958 como Emporio del Litoral, de la familia Barbagelata, en la esquina de 25 de Junio y San Martín, estaba dividido en dos, por un lado librería y por el otro bazar y regalos, hasta que se abandonaron estos últimos y quedó solo el primer rubro, luego se mudó frente a la Biblioteca Popular, en calle Buenos Aires y anexó un salón para exposiciones y presentación de libros, con Antonia Dalotto como gran gestora (EL DIARIO del 15/1/99).
DE UN SIGLO A OTRO. Hay varias librerías que cruzaron el portal del siglo XXI, comenzando por El Templo del Libro, que abrió sus puertas el 1 de enero de 1937, su fundador fue Pedro Demonte, hoy sigue vigente conducida por Pedrin, a quien apelamos siempre y agradecemos, su esposa Elsa y su hijo Sebastián y confían en festejar el centenario en el 2037, tanto no falta…
Códice, que ahora se halla en calle Buenos Aires 213. Fue fundada el 1 de mayo de 1959 por Blanca Sinner y Héctor De Lisa, en calle 25 de Junio 79, luego se trasladó a calle San Martín, con una lujosa sucursal en el subsuelo del edificio que fuera del Plaza Hotel, que tuvo que cerrar al tiempo. En la actualidad está al frente de la misma Germán Alturna.
En 1970, dos amigas, Lula Fouces y Mary Pittia instalaron una pequeña librería en la desaparecida galería comercial del Instituto del Seguro. Años más tarde, en 1979, por invitación del Director de EL DIARIO, Dr. Arturo Etchevehere, se mudaron a la antesala del Ateneo en calle Buenos Aires y luego al cesar en sus actividades culturales, cruzaron la calle y pasaron al local que anteriormente tenía Charrúa Libros, de Eduardo Narvaja, o sea en Buenos Aires 32, donde está actualmente.
Cronológicamente, en 1974, Alcides Balla fundó la Librería Selplas, que cuatro años más tarde se muda a calle España, construyendo luego un amplio salón de ventas en la misma calle en el número 187, anexando imprenta y otros rubros, con sucursal en calle Gualeguaychú esquina Yrigoyen, constituyendo todo un emporio.
No quiero dejar de mencionar las librerías religiosas, como la que funciona en el Arzobispado y San Pablo; el local de ventas de la Editorial de Entre Ríos, en calle 25 de Junio frente al Teatro 3 de Febrero; otra que tuvo una efímera vida en calle La Paz, frente a la Escuela Sarmiento, que se llamaba Correveydile; y otras como Kláxica, la de Eduardo Altman, entre otras ya mencionada en una nota publicada en esta Hoja y Fuenteovejuna, en la esquina de Carbó y Belgrano.
Finalizo, con un recuerdo. A fines de la década del cincuenta, quien escribe estas líneas, junto a dos colegas, Juan Carlos Toloy y José Alejo Acosta, puso una librería en calle 25 de Junio, pasando Santa Fe. Se llamaba Libroscope, nombre que adaptamos del Cinemascope que estaba en auge en esa época. Pero eran más los libros que no queríamos vender que los que vendíamos y que terminábamos incorporando a nuestras bibliotecas y así terminamos cerrando, pero satisfechos por la experiencia.

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