Secuestro de droga y detenidos en procedimiento de la Federal

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Los policías de civil montaron una escena para lograr que un traficante de estupefacientes descendiera del colectivo en que se trasladaba para subir a un auto que lo esperaba. Le secuestraron marihuana con destino al barrio Puerto Viejo.

El hombre bajó confiado del colectivo que acababa de ingresar a Paraná. Había tomado el ómnibus en la ciudad de Santa Fe, luego de realizar la compra de poco más de cuatro kilos de marihuana compactada. Según algunas versiones, el narco venía “cebado”, porque en la semana habría realizado al menos tres veces el mismo recorrido, y con los mismos fines.

Los investigadores de la Policía Federal lo venían siguiendo desde hace un tiempo. La Justicia competente ya contaba con sobrados elementos para dar luz verde al procedimiento y los detectives estaban seguros de que “la mula venía cargada”, en clara alusión de la jerga del narcotráfico para definir que no dudaban en que en el procedimiento iban a poder detener al sospechoso con suficientes pruebas para alzar cargos de tráfico y comercialización de estupefacientes, delitos penados por la Ley Nº 23.737.

Mañoso. El detenido se trataría de uno de los punteros o dealer de la zona de Puerto Viejo de la capital provincial, y dicen en la zona que lo conocen con el apodo de Maña, aunque su apellido sería Franco.

Lo cierto es que el sujeto, que tendría poco mas de cincuenta años, creyó tener el camino libre en esos 50 metros que tenía que caminar desde que bajó del ómnibus en el ingreso a la ciudad hasta la esquina de avenida Ramírez y Laurencena, donde lo esperaba un Chevrolet Corsa. En el auto lo esperaba con ansiedad un joven –que sería familiar directo del detenido– y su novia, quienes aguardaban que todo saliera como las anteriores ocasiones.

No había nadie que despertara sospechas, eran las 15.30 y aún los comercios de la zona estaban cerrados, con excepción de un kiosco y un mercado de verduras. Sólo dos o tres personas en la vereda. Uno de ellos con pantalones de trabajo, tipo ombú, todo manchado de pintura.

Maña intentó apurar el paso, pero no tardó en advertir que los que estaban en la zona no eran obreros, sino actores de una puesta en escena que lo tenía a él como villano principal. Y cuando menos pensó, estaba reducido y esposado. Al mirar hacia adelante descubrió que el coche que lo esperaba estaba rodeado y sus ocupantes reducidos a un costado. Ya no había más que hacer. Aquel de los pantalones de trabajo manchados de pintura, inmediatamente se colocó un chaleco azul, con la inscripción PFA, de la Policía Federal Argentina, y con un arma larga en sus manos, cambió inmediatamente su rol dentro de la misma escenografía.

Lo que pasó después fue simplemente rutina: el decomiso de seis ladrillos de marihuana compactada, la confección de las actas que deberán llegar a manos del juez y el pesaje de la droga ante testigos, que confirmaron la existencia de 4 kilos 400 gramos en el lugar.

Paralelamente al operativo en el ingreso a la ciudad con policías federales con apoyo de la policía entrerriana, la Justicia autorizó el allanamiento de la finca del detenido en barrio Puerto Viejo, donde se encontró dinero en efectivo de baja denominación y al menos 50 cigarrillos de marihuana. Todos los detenidos fueron puestos a disposición del juez Federal Zonis.

De dealers a capomafias

Según trascendió, Maña es sólo uno de tantos punteros que semanalmente acercan drogas a los consumidores locales, y ya no cabe duda alguna que al menos una media docena de narcotraficantes locales han comenzado a hacerse fuertes económicamente y se jactan de la impunidad con la que se manejan.

Hace menos de un mes, en un procedimiento realizado en un barrio muy humilde de la capital provincial, como lo es Hijos de María, arrojó un secuestro de 18 kilos de cocaína, lo que fue valuado en aproximadamente un millón de pesos.

Todos en esa zona saben quién mueve la droga, y que no es el predicador que terminó detenido el capo del circuito de la droga. Las armas pertenecientes a una banda y el estupefaciente estaban en casa del pastor, y el miedo persigue a muchos que jamás van a denunciar a los verdaderos culpables. La complicidad comprada con el dinero o las dádivas del narcotráfico llevó a que muchos jóvenes de la zona apedrearan en forma constante a quienes realizaron el decomiso.

(El Diario)